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EL NAUFRAGIO DEL SERPENT 

Texto: Antonio Osende Barallobre, presidente de ANE.

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El Serpent era un acorazado de acero de tercera clase con 75 metros de eslora, 12 de manga y 4,80 de puntal, con un desplazamiento de 2700 toneladas, dotado de dos máquinas que desarrollaban 4,450 HP que le daban una velocidad de  17 nudos ( 31,5 km/h). Tenía además tres palos (trinquete, mayor y mesana). Al ser un buque de guerra inglés, su casco estaba pintado de negro y su obra viva de rojo. Estaba armado con seis cañones de 15 cm. También llevaba 8 cañones de tiro rápido, 12 ametralladoras y tres tubos lanza torpedos. Su Capitán era Mr. Harry L.Ross. Su Segundo era el Teniente de Navío  Mr. Guy Grenville. Como oficiales estaban Mr. Richards y Mr. Torquil Macleod. El médico era el Dr. Rae y el Jefe de Máquinas Mr. Robins.

El Serpent, buque escuela de su majestad británica, partió de Plymouth a las dos de la tarde del Sábado 8 de Noviembre de 1890 con destino Sierra Leona. El buque traía rumbo sur en demanda del Cabo Finisterre, navegando a media máquina con mar muy gruesa y fuerte viento. A las 11 de la noche del Lunes 10 de Noviembre el Serpent luchaba desesperadamente contra un fortísimo temporal del suroeste frente a las costas de la Playa de Trece. Debió de abatir mucho y dada la escasa visibilidad reinante no pudo divisar la luz del Faro Villano, por lo que vino a embarrancar en las  rocas de Punta Boi donde el mar rompía de forma infernal. Las demoledoras olas del bajo en que se encontraba y el huracanado viento lo lanzaron sin piedad contra las afiladas piedras de la costa. El Serpent tardó una hora en irse a pique. Su Capitán dio orden de lanzar cabos, con el cañón lanza cabos, pero estos se rompían a causa de las cortantes rocas. Inmediatamente se dio orden de abandono del buque en los botes salvavidas, pero las olas barrían la cubierta y el mar ya había arrancado de la cubierta a alguno de los botes  y a sus tripulantes. En ese momento se oyó el grito de ¡ sálvese quien pueda ¡ 

En la tenebrosa negrura de la noche, en medio de un furioso mar, sólo se oían gritos de angustia, de desesperación, alaridos. Los cuerpos eran lanzados salvajemente contra las rocas, a las que los infortunados marinos se asían con desesperación sin posibilidad alguna de auxilio. Milagrosamente el mar arrojó a las arenas de la Playa de Trece a tres guardias marinas, muy maltrechos, pero con vida. Estos tres náufragos pudieron a duras penas arrastrarse por la arena y refugiarse en un resguardo de la playa. Ya con la luz del día, los tres guardias marinas británicos, Edward Bourton, Frederick Gould y Onesiphorus Luxon, fueron encontrados por unos labradores, siendo llevados a una casa de pescadores en Xaviña, donde les prodigaron toda clase de atenciones, tanto por parte del Párroco de dicha Parroquia como por los vecinos de la misma, siendo trasladados más tarde a otra casa más próxima a la rectoral a fin de que el sacerdote pudiera prestarles mejores cuidados.

Los 186 náufragos restantes fueron arrojados ya cadáveres en días sucesivos. El Serpent, partido en dos, desapareció definitivamente al día siguiente. Las autoridades españolas dieron traslado de la infausta noticia y días después llegaron unos representantes consulares británicos, coincidiendo con esta visita el triste hecho de la devolución, por parte del mar, de los pobres despojos de la hecatombe. Los lugareños, fuertemente impresionados por tan terrorífica visión y por el riesgo que tenían que correr para sacar a los restos de los fallecidos del agua, no se atrevían a recogerlos para darles sepultura. Esto ocurrió hasta tal punto, que los agentes consulares se vieron obligados a colocar carteles, ofreciendo una recompensa por cada cadáver rescatado e inhumado. Cuando el Párroco de Xabiña se enteró de la situación, retiró los carteles y reunió a sus feligreses, exhortándoles a cumplir con la cristiana obligación de enterrar a los muertos, iniciando él el ejemplo al coger un sacho y dirigirse a la costa, siendo seguido inmediatamente por todos sus acólitos, quienes procedieron a dicha labor sin cobrar moneda alguna. Muchos de estos hombres arriesgaron su vida por rescatar los cadáveres, siendo, algunos, incluso arrebatados por las olas, de las que los rescataron con tridentes y otros aperos de labranza, salvando así sus vidas de una muerte segura.

El cañonero “Lapwing” partió del puerto de La Coruña con destino al lugar del naufragio y esperó hasta la mañana del Viernes 14 de Noviembre la orden de las autoridades eclesiásticas  para la consagración del lugar de los enterramientos de los cadáveres de los infortunados marinos, sitio conocido como “O Porto do trigo”.La razón de dicha demora hay que buscarla en la oposición del párroco de Camariñas, quien desaprobaba la intención del Párroco de Xabiña de dedicar oraciones, funerales y entierro a todos los marinos británicos, sin distinción alguna, arguyendo el de Camariñas que sólo había 63 católicos.

Concedido el acto de consagración del cementerio, la dotación del “Lapwing” con su Capitán al frente asistió a la ceremonia. Finalizada esta el “Lapwing” izó el pabellón español en cuyo honor realizó una salva de artillería en prueba de la gratitud del pueblo británico a las autoridades y villas de la zona.

Los tres supervivientes fueron llevados en el “Lapwing” hasta La Coruña y desde allí partieron para Inglaterra a bordo del “Tyne”. La tripulación del “Lapwing” dejó en el Jardín de San Carlos, en La Coruña,  una placa de mármol conmemorativa del suceso.

Mientras tanto, se ordenó cerrar el cementerio que se estaba construyendo en el lugar de “O Porto do trigo” muy próximo al lugar donde se había producido la catástrofe, en cuyo frente, el Almirantazgo británico durante los primeros años, ordenaba arrojar una corona de flores a un barco de la “Navy” enviado a dicho lugar con esa específica misión. Posteriormente y hasta 1950, todo buque de guerra británico que pasaba frente a la costa de la Playa de Trece, realizaba salvas de ordenanza.

Al poco tiempo del suceso y en prueba de gratitud por el comportamiento de los pueblos de Xabiña y Camariñas, el Almirantazgo envió unos obsequios. Para el Párroco de Xabiña, D. Manuel María Carrera Fábregas una hermosa vajilla con sus iniciales y una escopeta en cuya culata se leía “The Lord Commisioner of the British Almiralty”. Para el Alcalde, D. Vicente Pérez Martínez, un reloj de oro. Y para el pueblo, representado en su Ayuntamiento, un magnífico barómetro que aún hoy en día podemos ver en una antigua y señorial casona de la época, en la parte alta del muelle.

A raíz de este naufragio, resultaba extremadamente curioso el ver a numerosos labriegos de la zona vistiendo como ropas de trabajo las americanas de los uniformes de los malogrados  marinos. También corrió el rumor de que el Serpent transportaba un tesoro formado por los haberes de las tropas de ultramar, rumor que sirvió para el vano esfuerzo de muchos buzos.

El gobierno español de la época fue muy criticado por la escasez de comunicaciones a que tenía sometida la comarca, cuyas noticias tenían que ser llevadas hasta Carballo por los propios habitantes del lugar. Después del naufragio del Serpent se tardarían todavía  6 años en modernizar el Faro Villano y se planificaría 4 años más tarde el telégrafo de la costa. La carretera a Camelle tardaría 24 años y la de Arou 48 años.

En Londres, el Ministro de Marina fue muy duramente criticado, pues tuvo conocimiento del desastre mientras presidía una cena política, y con toda indiferencia leyó a los presentes el telegrama  con la lúgubre noticia para después continuar con la cena como si nada hubiera pasado. Como colofón al dislate, finalmente pronunció un discurso con ribetes cómicos. 

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