Biografías

GENERAL
SIR JOHN MOORE

Glasgow 13 de noviembre de 1761
La Coruña el 16 de enero de 1809.

Por Mark Zbigniew Guscin
Vocal de la Asocación Histórico Cultural

" The Royal Green Jackets "
Miembro del Comité Organizador de la Batalla de La Coruña.

 

Nació en Glasgow (Escocia-Inglaterra) en 1761 y falleció en La Coruña el 16 de enero de 1809.

General Ingles que tomó parte en la guerra de la independencia, al lado de las tropas españolas y halló la muerte en la famosa batalla de Elviña, librada en las afueras de La Coruña.

El general británico Sir John Moore, había sido enviado a España el año 1808 encomendándosele al mando superior del Ejército inglés, compuesto por 30.000 hombres, con la misión de colaborar en el intento de expulsar de nuestro territorio a las tropas napoleónicas.

Napoleón, que había llegado a Madrid en los primeros días del mes de diciembre de 1808, al tener conocimiento de la presencia del Ejército inglés en el valle del Duero, decidió marchar contra él, con 70.000 hombres, llegando a Astorga, a las puertas de Galicia, el 2 de diciembre de 1808. Mas, requerida su presencia en París por graves problemas de Estado, regresó urgentemente a Francia, dejando programada, antes de marchar, la ocupación de Galicia y Portugal que encomendó a sus mariscales Soult y Ney.

Sir John Moore que tenía establecido su Cuartel General en Salamanca desde Septiembre de 1808, al tener información de la llegada a la Península de nuevos contingentes de tropas francesas en cifra muy superior a las suyas y acaudilladas por el propio Napoleón, decidió emprender su retirada hacia Galicia. En dicha retirada, el Ejército inglés sufrió más a causa de la inclemencia del tiempo, que por los ataques de sus perseguidores. Sir John Moore llegó a La Coruña, donde fue recibido con gran entusiasmo el 11 de enero de 1809, cuando aún no había arribado al puerto coruñés la escuadra que había de llevarle a él y a sus tropas a Inglaterra.

Los franceses no llegaron a las puertas de La Coruña hasta el 14 de enero, el mismo día que, por fortuna para los ingleses, fondeó su escuadra en el puerto herculino. La presencia de las naves exarcebó la belicosidad de las tropas francesas dispuestas a impedir el reembarque de los ingleses, que casi estaban en trance de capitulación. Soult se dispuso al asalto definitivo.

Al amanecer del día 16 de enero (1809) se encontraban frente a frente dos Ejércitos que encarnaban dos tendencias opuestas de la política europea, acaudillados por dos colosos del arte de la guerra: el general británico Sir John Moore y el mariscal francés Juan de Dios Soult.

Sir John Moore contaba 48 años de edad y desde los 15 prestaba servicios militares. A los 25 ya era general y a los 37 había sido nombrado Mayor general. Había peleado en las campañas de América del Norte, Gibraltar y Córcega, en la India, en Irlanda y en Holanda. Después asistió al sitio de El Cairo, mandó un Cuerpo de Ejército en Sicilia y con 10.000 hombres partió a prestar ayuda a los suecos contra los franceses, rusos y daneses. Pasó a Portugal y entró en España hasta Salamanca donde comenzó la retirada hacia Galicia. Su valor y su pericia le habían dado una inmensa popularidad. Perteneciente a una nación en la que no abundan los militares mimados por la fortuna, poseedor de un brillantísimo historial y en pleno apogeo de su prestancia varonil, su fama había cundido por todos los ámbitos de la Gran Bretaña. Era envidiado por los hombres y admirado por las mujeres y amado, en un relativo secreto y sobre toda ponderación (con arreglo a las normas románticas de la época) por Lady Esther Stanhope, a la sazón de 33 años, extraña figura femenina, sobrina de Pitt, dotada de una extraordinaria belleza, de un claro talento y de una energía y originalidad excepcionales.

Contaba el General inglés con un lúcido plantel de capitanes integrado por Sir David Baird, Hope, Fraser, Lord Paget, Hill y Beresford. Y al mando de Soult figuraban héroes de la talla de Meriner, Merle, Delaberde, La Housaye, Lorge y Franceschi.

La batalla fue muy costosa para ambos bandos contendientes. Alcanzado por una bala de cañón en el hombro izquierdo Sir John Moore, hubo de ser retirado de la línea de fuego evacuado a la ciudad. También fue herido en la batalla el general inglés Sir David Baird por lo que se hizo cargo del mando el general Hope. Fue, en realidad, una batalla sin vencedores ni vencidos pues Soult consiguió su propósito de expulsar de la península un brillante ejército y Moore logró el reembarque del grueso de sus tropas.

Las fuerzas de guarnición en La Coruña, una vez embarcados los ingleses, consistían en dos batallones de milicias y un reducido número de paisanos armados. A la doce de la mañana del día 18 de enero, Soult envió un emisario a parlamentar con el Gobernador militar, el cual convocó a las autoridades explicándoles la imposibilidad de defenderse. La capitulación fue firmada el día 19, aunque los franceses ya habían entrado en la ciudad el día 18.

La ocupación de la ciudad por las tropas duró aproximadamente seis meses, desde los mediados de enero a mediados de junio del citado año 1809.

El cuerpo ensangrentado del caudillo inglés recogido en el campo de combate, había sido conducido a la casa número trece del Cantón Grande. El general todavía vivió unas horas, pero sobre las diez y media de la noche expiró rodeado de sus consternados ayudantes. Esa misma noche fue conducido el cadáver al baluarte de San Carlos, donde al pie de la muralla, fueron enterrados sus restos mortales. De esta primera sepultura fue posteriormente transportado el héroe a la que hoy ocupa, por orden del Marqués de la Romana. A esta última sepultura es a la que se refiere Borrow (Jorgito el inglés) que visitó La Coruña en 1836, con las siguientes palabras: "Es un delicioso paraje y la perspectiva que se abre ante él, extensa". Tres años después, el General Mazarredo organizó una suscripción pública para arreglar la tumba y hacer el trazado del jardín que en la actualidad la rodea.

El jardín de San Carlos es, para los coruñeses, un lugar de recogimiento. En este encantador, apacible e histórico rincón coruñés suele reinar un gran silencio solamente atenuado por las risas de los pequeñuelos que juegan por sus carreros, los trinos de los pájaros de sus inmensos árboles y el rumor del mar que se encuentra treinta metros más abajo. En la parte sur del jardín se abre sobre la bahía un estratégico mirador, que nos ofrece una dilatada y hermosa visión de la ciudad y sus lejanías. A ambos lados, dos grandes lápidas reproducen los poemas dedicados a Sir John Moore por el poeta inglés Charles Wolfe y Rosalía de Castro.

Charles Wolfe sólo contaba dieciocho años cuando compuso su famosísima oda "El entierro de Sir John Moore" inmortal elegía cuya paternidad ha sido objeto de muy vivas polémicas. He aquí el poema de Charles Wolfe, traducido al español, en versión un tanto libre:

 

No se oyó un tambor ni una nota funeral

Cuando aprisa llevamos su cuerpo a la muralla.

Sobre la tumba donde depositamos al héroe

Ni un soldado disparó salvas en su honor.

Lo enterramos en medio de la noche silente

Cavando los terrenos con nuestras bayonetas

A la luz macilenta de una luna indecisa

Y al triste resplandor de una linterna.

Ni en una sábana o mortaja lo envolvimos

Ni un inútil ataúd encerró su cuerpo

Mas parecía como un guerrero que descansa

Con su capote militar envuelto.

Pocas y breves fueron las preces que rezamos

Y de nuestro dolor no dijimos ni una palabra

Pero a la faz del muerto miramos muchas veces

Pensando amargamente en el mañana.

Pensábamos al tiempo de abrir su angosto lecho

Y mientras alisábamos su solitaria almohada

Que sobre él pisarían enemigos y extraños

¡Y que nosotros estaríamos lejos sobre las olas!

Que hablarían del muerto tal vez con ligereza

Y le harían reproches sobre sus fríos restos

Pero poco ha de importarle si reposar lo dejan

En la tumba donde un británico lo ha puesto.

Sólo mediada esta nuestra ardua tarea

Cuando sonó la hora de la retirada

A lo lejos se oían cañonazos aislados

Que el enemigo terco disparaba.

Lenta y tristemente le bajamos

Del campo de su fama reciente y ensangrentada a la fosa

Ni una línea grabamos, ni una piedra pusimos

Le dejamos sólo con su gloria.

 

Un poco como respuesta al poema de Charles Wolfe, nuestra eximia Rosalía, compuso una hermosísima poesía titulada "N´a tumba d´o xeneral inglés Sir John Moore morto n´a batalla d´Elviña (Cruña) o 16 de xaneiro de 1809" cuyos últimos versos dicen así:

 

Cando d´o mar atravesés as ondas

Y ó voso hirmán a visitar voyades

Poñé n´a tomba o cariñosos oido

E si sentís rebuligar as cinzas

E s´escoitais indefinibres voces

E s´entendés ó qué esas voces digan

A y-alma vosa sentirá consolo.

¡el vos dirá qu´arrededor d´o mundo

tomba mellor qu´a´qu´atopou n´achaara

sinon d´os seus antr´o amorosos abrigo!

 

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